Los serenos de Santa Coloma: “No somos policías”


La unidad móvil de los serenos en Santa Coloma de Gramenet.

Rafa y Cristina bajaron anoche la basura a un anciano y dieron parte de una maleta y unos maderos arrojados fuera de unos contenedores. Fueron sus primeros cometidos como serenos de Santa Coloma de Gramenet, donde las rondas nocturnas se han recobrado la medianoche de este viernes, más de 50 años después de que se perdiera la figura de los antecesores que dan nombre a los 18 recién contratados, escogidos entre desempleados de más de 45 años de la ciudad de la periferia de Barcelona. La idea con la que el ayuntamiento socialista pretende combatir la sensación de inseguridad se ha alumbrado con rechazo por parte de la oposición y suspicacias de los sindicatos, que han advertido de posible intrusismo profesional tanto para vigilantes de seguridad privada como para la Policía Local.

“No vamos a hacer de policías. Por ejemplo, no podemos exigir el DNI, y estamos en contacto para avisar de lo que podamos ver a la policía, que es la que nos tiene que proteger”, responde Rafa, que llevaba tres años en paro; confía en que no topen más que con conflictos “puntuales”. “No tenemos funciones de seguridad. Se trata de ver cómo está el mobiliario, acompañar a personas que lo necesiten, atender a los ciudadanos y avisar de incidencias al servicio que corresponda”, enumera Cristina.

Los serenos son agentes cívicos y no entran en contradicción ni competencia con la Policía Local porque sus tareas no tienen nada que ver, y menos con los vigilantes privados, porque no podemos tener seguridad privada en la calle”, sostuvo ayer la alcaldesa de Santa Coloma, Núria Parlon. La edil adujo que “más allá de la actividad estricta de seguridad, que depende de los cuerpos policiales, hay una seguridad vinculada a las percepciones, para las que deben generarse entornos de confianza, que es lo que los serenos harán”. Al igual que ocurrió en el conjunto de la provincia de Barcelona, las infracciones penales aumentaron un 14,3% en Santa Coloma en 2018 y, en concreto, los robos en la calle subieron un 19,3% respecto a 2017, según el Ministerio del Interior.

La recuperada unidad patrullará a diario la localidad de 23.30 a 06.30 horas, repartida en parejas en cada uno de los seis distritos de Santa Coloma. Bajo la etiqueta de “experimental”, los elegidos disponen de contrato hasta finales de año y un sueldo de 1.200 euros al mes. Del equipo formado, 16 vigilantes patearán las calles, coordinados por dos encargados desde una centralita. En ella recibirán las peticiones que los vecinos comuniquen a través del teléfono 674 213 777, pensado en especial para auxiliar a personas con movilidad reducida que, por ejemplo, necesiten adquirir un medicamento o escoltar a ancianos y mujeres que se sientan inseguros por tener que recorrer solos las calles de noche.

El Ayuntamiento de Santa Coloma ha tomado como ejemplo a los serenos de Gijón, donde volvieron a la calle hace 20 años. La coordinadora de la unidad en la ciudad asturiana, Aurora Montes, ha instruido a la patrulla de Santa Coloma en los últimos días. “El sereno debe ser el ciudadano ejemplar, amigo de sus vecinos, el que resuelve desde el cariño y no regaña. No interferimos para nada en la tarea de la Policía Local”, defiende Montes, “hace muchos años, hubo una denuncia, pero se archivó. Es normal, no conocían cuál iba a ser nuestro servicio. Ahora la relación es genial. Si vemos algo, llamamos a los policías, y ellos vienen y solucionan”.

Los serenos se han formado durante mes y medio, y han completado dos días de pruebas atléticas para demostrar que pueden resistir a jornadas de siete horas andando en una ciudad que contiene no pocas cuestas empinadas. “Sobre todo nos han dicho que no hagamos de policía”, resalta Francisco que, aparte de uno esporádico en 2018, llevaba más de tres años sin un empleo estable: “He trabajado en limpieza, repartiendo propaganda, en un sex-shop… De lo que saliera. Esto es nuevo, es curioso, podemos hacer historia y me gusta trabajar por la gente de mi ciudad”.

“De repente pueden salir follones, pero no somos policías y no nos vamos a meter ahí. No nos corresponde”, zanja Verónica, quien confiesa que su nueva ocupación le inspira actuar como “una buena ciudadana”. “Y trasladar a la gente que mi ciudad es segura”, agrega.

Fuente: El Mundo