Cada semana se realizan en las empresas españolas más de seis millones y medio de horas extraordinarias, aquellas que se trabajan por encima de la duración máxima de la jornada fijada en el convenio colectivo o en el contrato. Tiempo hurtado al descanso, a la lectura, a la compañía y cuidado de las personas queridas, a pasear, a escuchar, al juego, a hacer el amor, a vivir. Tiempo entregado, y aquí está lo más sangrante, sin apenas compensación en gran parte de las empresas: casi cuatro millones de esas horas extraordinarias semanales son impagadas.
Concretamente, cada semana las plantillas ‘regalan’ 3.904.100 horas extra a las empresas, impagadas según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al segundo trimestre de 2015.
Desde la reforma laboral de 2012, las personas contratadas a tiempo parcial también pueden realizar horas extra, en una maniobra que da manga ancha a la empresa, según explica a Diagonal José Luis Carretero, profesor de Formación y Orientación Laboral: «Se están utilizando las horas extra como si fueran obligatorias, así como se están utilizando igualmente las llamadas ‘horas complementarias’, lo que permite alargar las jornadas de los trabajadores a tiempo parcial hasta la jornada ordinaria a tiempo completo y utilizar a los trabajadores de manera flexible para evitar contrataciones y mantener una plantilla inferior a la que realmente sería necesaria. Teniendo en cuenta que muchas de estas horas no se pagan, sino que se compensan con descanso, en el mejor de los casos, lo cierto es que la flexibilidad de uso de mano de obra en cuanto al tiempo de trabajo que consigue el empresario es casi total».
Fuente: Diagonal Periódico